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Black Friday

Autor: Martín y Sicilia

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Paraíso, 2010

José Arturo Martín y Javier Sicilia (1974 y 1971, Santa Cruz de Tenerife) trabajan juntos como artista desde 1995, cuando realizaron su primera exposición individual en el Ateneo de La Laguna, titulada «Nos ponemos por los suelos». Con perspectiva, se diría que aquel juego de palabras declaraba un punto de partida, porque desde aquel suelo Martín y Sicilia crecieron como artistas, desarrollando en los últimos años un proyecto artístico de enorme interés: comprometido, relevante, maduro y consolidado; y salieron a «ver mundo» hasta dar a su obra un alcance internacional.

Su trabajo se desarrolla en series temáticas más o menos diferenciadas, realizadas en formatos «tradicionales» (pintura, dibujo, fotografía e instalación), que toman siempre como referencia la narrativa pictórica, cuya concepción más clásica acostumbran «enrazar» con otras retóricas visuales: la ilustración y el cartel, el fotoperiodismo, la representación teatral, el lenguaje cinematográfico, incluso ciertos recursos publicitarios. Con estos ingredientes construyen una trama o estructura visual característica, en el que las figuras de los propios artistas son protagonistas de la representación, como personajes que escenifican (que interpretan) los papeles principales de sus obras. El resultado «tensa» el formato pictórico tradicional en una forma muy peculiar, y en cierta manera irritante, ya que saca la pintura (y sus códigos retóricos) fuera del marco, generando una suerte de «cuadro en el espacio» que, curiosamente, pone a la pintura «por los suelos»; es decir, la sitúa en el plano de la sala de exposiciones, permitiendo al espectador, si así lo desea, pasear por ella.

Ahora bien, si una de las preocupaciones centrales del trabajo de Martín y Sicilia ha sido desarrollar, desde la reflexión sobre el lenguaje pictórico, una estructura narrativa interesante por mestiza (o por chocante, si se prefiere), su gran problema ha sido comprobar en qué medida esa estructura era eficiente para plantear discursos relevantes sobre el mundo contemporáneo. Desde hace décadas hay un amplio consenso en que la Pintura, por muchas razones, es una disciplina artística desfasada, carente de la versatilidad o la capacidad narrativa que pueden poseer actualmente la fotografía o el cine; por esta razón el propósito de utilizarla como medio para desarrollar contenidos narrativos parece, desde una perspectiva crítica seria, un proyecto destinado al fracaso. En ese sentido, la gran apuesta de Martín y Sicilia, más allá de saber que están trabajando con una disciplina «en crisis», es que la pintura invita a una «mirada pausada»; que impone una distancia necesaria con aquello que representa; por eso resulta un pésimo medio para hablar de «lo que pasa» [para documentar o relatar la actualidad] y, en cambio, tiene el tiempo adecuado para reflexionar sobre aquello que ha pasado, o, con suerte, aventurar lo que pasará. 

La exposición que estos artistas presentan en el TEA constituye una extraordinaria reflexión sobre el formato pictórico, tanto en el sentido de considerarlo de una forma crítica o problemática en un modo muy peculiar, como por el hecho de hacer una apuesta decidida por algo tan anticuado como es la «pintura con tema». Como su nombre sugiere, «Black Friday» es una exposición de temática crepuscular. Propone el crepúsculo del sujeto, de la tecnología y de la masculinidad como claves paradigmáticas del sistema de valores con que se ha construido el mundo que ahora está en crisis, que parece dirigirse irremediablemente hacia el colapso. Los cuadros desplegados en el espacio de Martín y Sicilia son escenas de catástrofes imprecisas, protagonizadas por personajes descritos como una especie de «sujetos pasmados»: ciudadanos contemporáneos (casi siempre varones) atribulados, atrincherados ante calamidades, amenazas o situaciones problemáticas que, sin embargo nunca están en el cuadro (no salen en la foto); que están fuera de la representación.

De esta manera, en la instalación central de la exposición, los personajes desvalidos y desconcertados, habituales en los cuadros de Martín y Sicilia, habitan un paisaje que acaso sea lo que nos queda de la modernidad (o del siglo XX, o de la sociedad del bienestar, cada uno como lo vea). Un paisaje de chatarra que es el reverso desolado de unos sistemas productivos que fabrican objetos pero venden significados simbólicos; pero también es el paisaje alegórico del fracaso, el telón que escenifica la incapacidad del varón tradicional de gestionar las contradicciones del sistema que ha creado a su imagen y semejanza, de hacer sostenibles los modos de vida que le son afines, de gobernar cabalmente el mundo que él mismo había proyectado.